lunes, 24 de agosto de 2020

El anuncio del Angel a San José

 

Este diseño fue a pedido de una de mis alumnas del Taller. Le agradezco la iniciativa, la sugerencia del tema, su visión de la escena...  como si la imagen quisiera narrar la negación de José al descanso y como si el sueño le tomara distraído, aún en medio de la reflexión sentado, pensando entonces qué decisión sería la más sabia... 

Dios no se deja esperar y San Gabriel es el signo de la Providencia de Dios, le ayuda dándole certezas de que María ha dado su consentimiento a los Planes de Salvación de Dios, el Mesías viene en camino y necesita un padre. Ambos, la Madre y el Niño necesitan una familia y después de este sueño, José se hará cargo de ellos. Será el esposo y el padre, será el servidor de Dios, hombre de fe, honesto, íntegro. Varón consagrado a Dios y a su Proyecto, capaz de dejar los suyos personales y, respetando la intervención de Dios sobre María, emprende con ella la senda de la virginidad, realizando su vida desde una sexualidad más amplia e integrada.

El sueño de José es el comienzo de un despertar a una vida diferente de la proyectada, luego vendrá el camino a Belén, y la huida a Egipto, el anonimato en el trabajo del taller, la educación de Jesús... y el amor realizándose en la convivencia desinteresada, en el compartir generoso, en el servicio a través de su trabajo... 

Enséñanos José:

Cómo se es “no protagonista”;

Cómo se avanza, sin pisotear;

Cómo se colabora, sin imponerse;

Cómo se ama, sin reclamar.

 

Dinos José:

Cómo se vive, siendo “número dos”;

Cómo se hacen cosas fenomenales,

desde un segundo puesto.

 

Explícanos José:

Cómo se es grande, sin exhibirse;

Cómo se lucha sin aplauso;

Cómo se avanza, sin publicidad;

Cómo se persevera y se muere, sin

Esperar un homenaje.


sábado, 12 de octubre de 2019

VIRGEN DE LAS TRES MANOS

Esta advocación evoca una curiosa leyenda. San Juan Damasceno (640-754) era funcionario del califa de Damasco. Cristiano árabe, se opone a las pretensiones de los emperadores iconoclastas. Al advenimiento del califa Abd-el-Mali, Juan se retira al monasterio de San Sabas, cerca de Jerusalén. Allí se consagra a la oración y a la elaboración de su obra teológica.
En aquel momento se sitúa la leyenda que cuenta el origen de nuestro icono. El emperador León delata a Juan ante el califa como un traidor que ha entregado los planos de la ciudad al enemigo. El califa manda cortar la mano que había diseñado el plano de la ciudad. Juan, lleno de angustia, presenta la mano cortada a la imagen de la Madre de Dios. Al momento sintió la voz de la Virgen que le prometió la curación.

A la mañana siguiente la mano estaba de nuevo en su sitio. El califa, sintiéndose engañado, quiso restituir a Juan en sus funciones, pero él rehusó, porque había decidido consagrar su vida a la Madre de Dios. Dejó Damasco, llevando consigo el icono, y se hizo monje en el monasterio de San Sabas.
El icono permaneció en el monasterio hasta el siglo XIII. San Juan Damasceno, como signo de agradecimiento, había fijado sobre la parte baja del icono una mano de plata. Más tarde, en las copias, esta mano viene ya pintada. Este icono es uno de los más célebres en la Iglesia greco-ortodoxa y atrae a numerosos peregrinos.
Dice la leyenda que durante la invasión turca, los ortodoxos, temiendo la profanación por parte de los musulmanes, sacaron el icono del monasterio de San Sabas, lo cargaron a lomos de un asno y dejaron partir al animal sin guía alguna. El asno prosiguió solo su camino y llegó tras un largo periplo al Monte Athos.

fuente: Catholic.net, de Fuente: OremosJuntos.com 

sábado, 14 de septiembre de 2019

"No me cansaré de repetir que las obras de Dios no se empiezan, ni se consolidan, ni se terminan más que al pie de la cruz. Nuestro Señor quiere que le sigamos hasta el Calvario, para hacernos partícipes de la obra de la Redención. Si encuentran penas... y mil dificultades, no se quejen, sufran en silencio, con paciencia..." 
(Santa María Eufrasia, Conferencias).



"Te contemplo y adoro, oh Jesús en tu agonía y muerte en la cruz. Adoro cuanto tuvo lugar en ti en el último instante de tu vida; tus últimos pensamientos, palabras, acciones, sufrimientos... Te ofrezco mi muerte y el último instante de mi vida en honor de tu muerte y de tu último instante de vida. Bendice mi muerte y santifícala con la tuya; únela a tu muerte. Que sea un acto de purísimo y perfectísimo amor a tí." 
(San Juan Eudes, Vida y Reino de Jesús)
(*) icono de la Cruxifición: angelo.iconos.




Vista de la cruz celta desde el taller en la Comunidad Buen Pastor Bs As

(Av. Caseros y Jujuy - B Parque Patricios).

domingo, 17 de febrero de 2019

MARIA AGUSTINA RIVAS, religiosa y mártir





“La primera mártir de la Iglesia peruana ejecutada por Sendero Luminoso  es una peruana, una ayacuchana anciana, servicial, humilde, cariñosa, con un gran corazón maternal. En una sociedad como la nuestra, de postergación de la mujer, es una mujer-consagrada la que cae como el grano de trigo y que surgirá con mucha fuerza y vigor, dando frutos de paz para nuestra patria. Que su sangre y la de otras víctimas inocentes, unida a la de Cristo, clamen al cielo por paz, misericordia, perdón y reconciliación”
(Julia Yon, Confer, 1990).




Agustina, “Religiosa de Nstra. Sra. de la Caridad del Buen Pastor
 y  primera mártir de la Iglesia peruana”.


Ya que se trata de un proceso a transitar hasta llegar a la Ceremonia Oficial para el reconocimiento de la Santidad de vida de nuestra querida Hermana Aguchita, desearíamos que este icono se contemple como una alegoría que nos habla de algunos rasgos sobresalientes de su corazón y de su vida.

Antes de pasar a explicar lo que se intenta simbolizar tal vez ayude comentar qué es un icono. Un icono es una representación en imagen que intenta introducirnos en realidades que no se ven pero que sí existen y existieron. Por ejemplo: la Presencia amorosa de Dios que cuida de nosotros a través de sus consagrados; la gracia del Espíritu Santo que inspira  el amor, el cuidado, la atención y toda clase de obras buenas. El icono mostraría que Dios es la fuente de todo. También nos dice que esa persona representada está con nosotros, aunque no le veamos con nuestros sentidos corporales. La muerte nos priva de una presencia física, pero nuestros difuntos están con nosotros, y sobre todo, si fueron personas llenas del Espíritu de Dios que es amor, ellos interceden por nosotros y pueden realizar milagros en favor nuestro.
Los primeros iconos representaron a Jesús, nuestro Señor, otros a María, los hay sobre uno o varios santos, pueden representar escenas de vidas, o también representar a los ángeles, pero siempre serán una representación y no un retrato, por eso no podemos ir en busca de similitudes o diferencias comparándolo con alguna fotografía desde donde ampliamente nos sonríe nuestra querida y heroica Hermana Aguchita.

Otro detalle que debemos omitir por ahora, hasta el momento de su canonización es un nimbo o aureola sobre su cabeza. Lo haremos visible más adelante. Mientras, aguardamos y rezamos juntos esperando el día en que la Iglesia en Roma declare oficialmente que una Santa Mujer llamada Agustina Rivas, caminó entre nosotros y nos habló con su dulce palabra, más aún con sus gestos generosos, mientras, su “fama de santidad” impacta por su perfil y traspasa las fronteras de su patria: se trata de una “hermana servicial, humilde, cariñosa, con un gran corazón maternal”. “(Nos dejamos) estimular por los signos de santidad que el Señor nos presenta a través de los más humildes miembros de ese pueblo que «participa también de la función profética de Cristo, difundiendo su testimonio vivo sobre todo con la vida de fe y caridad»” así nos alienta a contemplarla el PP. Francisco (Gaudete et Exsultete, 8). 




Su misión, tejida de gestos ocultos pero sólidos y concretos en el amor, se dirigió a la mujer y a la niña en diferentes etapas de su vida y en diversos lugares de Perú. Estas mujeres puestas de pie –observemos las dos mujeres representadas en el icono- levantan su mirada, ya no para encontrarse con los ojos de Aguchita, su mediación les ha ayudado a levantar los ojos a lo alto con un sentido trascendente para sus vidas, son mujeres de mirada digna, puestas de pie ante la vida, seguramente muchas de ellas ganan su sustento noblemente gracias al oficio que nuestra Hermana les enseñara desde la cocina, desde la costura, desde su testimonio de trabajo y empeño. Ellas pueden aún contarnos lo que vieron en Aguchita porque toda esta manifestación de la Misericordia divina tuvo lugar hace muy pocos años!!

Sabemos que su Paso a la Vida sucedió en una tierra bella y fértil entre las montañas en La Florida, sin embargo la alegoría de esta imagen muestra montañas áridas donde la vida hace su aparición con pequeños brotes de vegetación, un poco por allí y por allá. La montaña, en la Sagrada Escritura y en la iconografía tradicional, es el lugar donde Dios se manifiesta, es el lugar árido, desierto donde habla al corazón de sus profetas para enviarlos en su Nombre, lugar de lucha interior, de desarrollo espiritual. La montaña y su “Fuente de Agua que brota y que salta hasta la Vida Eterna” (Jn. 7,38) es la Vida en el Espíritu, pero también puede evocar la aridez del corazón vulnerable que fue atendido y cultivado por las manos laboriosas de nuestra mártir. Sí, va dando frutos, fue llenando de vida el vacío y la aridez de algunas personas al ser acariciadas y abrazadas por su Amor. Así, lo que fue árido alguna vez va llenándose de vida y esa vida aparece en los verdes que comienzan a aparecer en medio de la roca árida. Es que Dios, nuestro Pastor Bueno, “nos conduce a praderas cubiertas de verdor, a fuentes de aguas tranquilas donde repara nuestras fuerzas” (Salmo 23,22) Esa Palabra la estamos “pronunciando”, anunciando en esta imagen. Un Evangelio narrado en colores luminosos que contrasta con los grises y oscuros de nuestras desesperanzas.

Como hemos dicho, en un icono no hay fotografía de la realidad. Así como las montañas de La Florida no lucen su espléndido verdor, el rostro, las dimensiones reales de los cuerpos y las expresiones no se parecen a las que conocemos. ¿Qué lenguaje es este? Es un lenguaje místico, bocas pequeñas que dicen del Silencio amoroso del que sabe escuchar más que palabrear; ojos grandes que expresan atención y contemplación; gestos reverentes de inclinación maternal y servicial porque Dios eligió eso, inclinarse y acoger; es que Jesús prefirió al pequeño y declaró que esa es la condición para entrar a formar parte de sus discípulos y amigos. Lamento defraudar si esperábamos un retrato. Gocemos mientras tanto de su amplia y luminosa sonrisa a través de la fotografía, pero si queremos ver “la Realidad que es invisible a los ojos” procuremos volver a contemplar un icono.




Gracias a Agustina, en este icono vemos el Cielo abierto, arriba de la imagen y al centro. Intento decir, nuestra mirada es capacitada para contemplar con sentido trascendente los acontecimientos y la creación, gracias a su Pascua acogemos el sufrimiento y proclamamos que la muerte no tiene la última palabra, al contrario, la muerte es ese pasaporte de Inmortalidad que otorga homenaje a los que supieron vivir amando. Esta imagen intenta mostrar ese Amor Divino que es Bondad y Ternura, que Acoge y Acompaña, que otorga la certeza de sabernos protegidos por Dios. Intentamos recordar también, mediante este Cielo que desciende a través de un rayo de luz celeste que se prolonga hacia abajo, que nadie puede dar la vida sin ser fortalecido de lo Alto, si Dios no está con él. La acción de Dios, su Espíritu, interviene nuestra historia, la inspira y la acompaña, la conduce. Agustina se dejó guiar, se abrió como la semilla de la que habla el Evangelio y de su núcleo emergió la Vida, la Vida de Dios en nosotros a través de la fe, y esta fe provoca esperanza, y la esperanza es causa de nuestra alegría. La alegría y la fiesta de los que gozan de la Presencia de Dios en la eternidad se expresa en la claridad y en los colores del icono.

La última imagen que destaca es un limonero que además cobija, es el símbolo de sus últimas horas y sus últimos quehaceres. En los limones podemos encontrar el símbolo mejor para expresar su martirio, no obstante todos los iconos hablan de la vida entregada y de la sangre derramada en los bordes y el nombre escrito en letras rojas. El martirio era el Bautismo vivido con Cristo para los primeros cristianos, este color nos recuerda que también nosotros hemos sido bautizados en Cristo y debemos estar dispuestos a dar la vida por El. María Agustina Rivas está hoy con los elegidos por Jesús que dieron testimonio de El con su vida. Dice el libro del Apocalipsis: “Una muchedumbre, imposible de contar, estaba de pie ante el trono (de Dios), vestidos con túnicas blancas… ¿Quiénes son y de dónde vienen los que están revestidos de túnicas blancas?... Estos son los que vienen de la gran tribulación; ellos han lavado sus vestiduras y las han blanqueado en la sangre del Cordero. Por eso están delante del trono de Dios… Nunca más padecerán hambre ni sed, ni serán agobiados por el sol o el calor. Porque el Cordero será su Pastor y los conducirá hacia los manantiales de agua viva. Y Dios secará toda lágrima de sus ojos.” (Ap. 7, 9.13-17). ¿Podemos agudizar los ojos de la fe y contemplar este misterio hoy?. El icono nos recuerda que la vida de Agustina fue signo y profecía de estas verdades ocultas a nuestros ojos, que para Ellas son actuales hoy, y lo serán también para nosotros.



Alguna amiga iconógrafa ortodoxa me reclamó que los mártires deben portar la cruz. “¿Dónde está la cruz?” -me pregunto-. “En su nombre está, es nuestro símbolo –le respondí-. Está muy pequeña, está también dibujada en rojo a mitad del nombre. Tal vez nos acostumbramos a ver el símbolo de las Religiosas de N.S.C del Buen Pastor colgando de sus cuellos como identificación de pertenencia a esta Congregación, pero ¡qué fuerza recobra en esta hora este lenguaje simbólico!. Sí, aunque es pequeño, contiene toda su fuerza: “el Buen Pastor da la vida por sus ovejas. Nadie se la quita, El la da voluntariamente” (Jn. 10,18) El símbolo contiene dos corazones atravesados por la cruz, cuyo travesaño mayor es un cayado de pie!. Los Corazones de Jesús y María. Oremos en silencio este lenguaje.

Queridas Hermanas de Perú, querida Hna. Delia Rodriguez, gracias por invitarme a contemplar tan gran misterio. Cuánto he recibido yo también de Aguchita!!, ella se ha dignado visitar Buenos Aires, y ya aquí es conocida por los que contemplaron paso a paso cómo fue desarrollándose este icono.




Hna. Adriana C. Barone
Bs. As., Agosto 2018



sábado, 28 de julio de 2018

Cómo nace un icono...



Relato en fotografías de la "Historia de un icono"
una versión adaptada a las normas canónicas de un icono
y también a la visión de quienes pidieron la imagen del Santo Arcángel
 Miguel como patrono y protección de su espacio de trabajo y vida.

Este video es mi Acción de Gracias al Dios de la Vida,
el Unico Autor de todo lo creado y recreado sin pausa ni límites,
y también a Gabriela y Alberto, a quienes debo haber sido involucrada
en ésta experiencia, en momentos inspirados de sus vidas...
y con quienes contraje una gran deuda de gratitud por todas sus atenciones.

Reabriendo el taller en Buenos Aires...

En favor de la Santidad Dios no se contenta con emitir, más activa, la influencia creadora, hija de su Poderío. El mismo desciende a su obra para cimentar la unificación.

Teilhard de Chardin, "Himno del Universo",
 (a continuación todo el texto le pertenece al mismo autor)


El nos lo ha dicho, El no otro. A medida que las pasiones del alma se concentran sobre El, las invade, las penetra, las capta en su irresistible simplicidad. Entre los que se aman con caridad, aparece, nace, de alguna manera, como un lazo sustancial de su afecto...


Es Dios en persona quien surge en el corazón del Mundo Simplificado. Y la figura orgánica del Universo así deificado es Jesucristo, quien por la atracción de su amor y la eficacia de su Eucaristía, recoge en Sí poco a poco todo el poderío de unidad difusa a través de la creación...

El Cristo me agota por entero con su mirada. Con la misma percepción y la misma presencia, penetra a los que me rodean y a quienes amo. Gracias a El, pues, tal en un medio divino, me uno a los otros por dentro de ellos mismos; puedo operar sobre ellos por todas las fuentes de mi vida. 

El Cristo nos religa y nos manifiesta los unos a los otros.


Lo que mi boca no puede hacer entender a mi hermano y a mi hermana, El se lo dirá mejor que yo. Lo que mi corazón les desea, con un ardor inquieto e impotente, El se lo otorgará, si es que es bueno. Lo que los hombres no escuchan de mi voz demasiado débil, a lo que encierran en sus oídos para no oírlo, se lo confío como recurso al Cristo que algún día lo repetirá en su corazón. Y si esto es así, puedo morir con mi ideal, ser amortajado con la visión que quería hacer compartir a los otros. El Cristo recoge, para la vida por venir, las ambiciones ahogadas, las luces incompletas, los esfuerzos inacabados o malogrados, pero sinceros. "Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz..."

Sucede a veces que el corazón puro, al lado de la felicidad que le pacifica en sus deseos y sus afectos individuales, discierne en sí un gozo especial, de origen exterior a él, que le envuelve de un inmenso bienestar. Es el reflujo en su pequeñez personal de la nueva salud que el Cristo, por medio de su Encarnación, ha infundido a la Humanidad. En Jesús, las almas tienen calor, porque se comunican entre ellas...


Pero para participar de este gozo y de esta visión es preciso que hayan tenido el valor anteriormente de romper su pequeña individualidad y de despersonalizarse de alguna manera a fin de centrarse sobre Jesucristo...  porque esta es la ley del Cristo y es formal: Si alguno quiere venir en pos de mí, que renuncie a sí mismo. La pureza está hecha a base de renuncia y mortificación. 
Y la caridad todavía más aún...


Una vez que se ha resuelto a practicar generosamente el amor de Dios y del prójimo, el ser humano se da cuenta que no ha hecho todavía nada, corrigiendo su unidad interior por separaciones generosas. Esta unidad, a su vez, debe, antes de renacer en el Cristo, sufrir una eclipse que parecerá aniquilarla. En efecto, serán salvos quienes, transportando audazmente fuera de ellos mismos el centro de su ser, osen amar a Otro más que a sí, se conviertan en ese Otro de alguna manera, es decir, atraviesen la muerte para buscar la vida... pero el que pierda su vida por mí, la salvará...



Al precio de este sacrificio sabe (la persona de fe) que conquista una unidad muy superior a la que abandona. Pero ¿quién podrá decir la angustia de esta metamorfosis? Entre el momento en que consiente desanudarse de su unidad inferior y el minuto beatífico en que llega al dintel del ser nuevo, el cristiano verdadero se siente flotar sobre el abismo de la disociación y el aniquilamiento... 

La salvación del alma (yo diría actualizando su lenguaje "la plenitud y realización humana") se paga con el enorme riesgo que se corre y que se acepta. Exige que nos juguemos, sin reservas, la Tierra contra el Cielo. Quiere que renunciemos a la unidad poseída y palpable de la vida egoísta para arriesgarnos sobre Dios. "Si el grano de trino no desaparece en la tierra y se pudre en ella, permanece estéril".


lunes, 27 de noviembre de 2017

Exposición de Arte




Generalmente,  el hombre común no percibe belleza alguna en la Verdad. Sigue de largo, ciego ante la belleza. toda vez que el ser humano comienza a ver belleza en la verdad nace el arte verdadero. (M. Gandhi)




Las cosas poseen dos aspectos: uno externo otro interno. El aspecto externo no posee valor, salvo que lo auxilie el interno. Por eso, todo el arte verdadero es una manifestación del alma. Las formas exteriores sólo tienen valor cuando expresan el espíritu, la interioridad del hombre. (M. Gandhi)




La belleza verdadera consiste, sobre todo, en la pureza de corazón. El arte, para ser arte, debe promover la serenidad. Quiero un arte y una literatura que puedan hablarles a millones de hombres. (M. Gandhi)




No hay belleza sin verdad. Por otra parte puede ser que la verdad se manifieste de modo tal que, externamente, no revele belleza alguna. Dicen que Sócrates era el mayor amigo de la verdad en su época y, entretanto, consta que sus facciones eran las más feas de Grecia. En mi opinión, él era bello, porque toda su vida estaba empeñada en la búsqueda de la verdad (M: Gandhi)



La vida es la mayor de todas las artes. Quisiera ir más lejos y decir que el hombre que más se acerca a la perfección es el mayor artista. Pues, ¿qué sería el arte si le faltaran el cimiento y la estructura de una vida noble? (M. Gandhi)



Las creaciones verdaderamente bellas aparecen cuando surge la comprensión verdadera. Si estos momentos son raros en la vida, también son raros en las artes. (M. Gandhi)


Frases tomadas del libro: Cultivar el Corazón
extractos de publicaciones en el período
escritas por M. Gandhi

COMIENZOS DEL TALLER:

Es un video donde se relata en imágenes los comienzos del taller. 

 Hacer click para ver. Gracias!!

martes, 21 de marzo de 2017

EL AYUNO DE LOS OJOS


En el alternarse de sus estaciones, el arte del Oriente cristiano afirma su vocación originaria. Es rechazada la perspectiva empírica; el mundo de las apariencias no es el mundo "verdadero". 

Retomando la formulación de Vladimir Soloviev "todo aquello que vemos no es más que el reflejo, la sombra de lo que resulta invisible a nuestros ojos". 

La imagen es llamada a penetrar lo invisible. A través de las vías de la ascética y de la oración el pintor es penetrado por "el ayuno de los ojos". La vista santificada deviene en visión. La tradición icónica se cristaliza en tipologías definidas pero elaboradas de diversa forma en las numerosas escuelas iconográficas. La libertad y la creatividad obedecen a criterios monásticos. Aun conservando la unicidad de su Tradición, el icono conoce continuas innovaciones: en esto consisten su enigma, su fuerza y su inagotable riqueza. 



Lo abstracto marca el paso sobre lo concreto; cada dramatización es absorbida. Los hombres son "ángeles terrestres". Todo es luz, calma, júbilo, paz y amor. "Un mundo nuevo y homogéneo" reemplaza al mundo decaído. La imagen desvela "el tabernáculo de Dios entre los hombres" (Act 21, 3): "Asamblea de dioses alrededor de Dios, criaturas bellas que forman una corona alrededor de la Belleza suprema" (Nicolás Cabasilas)."¿A quién, pues, compararéis a Dios y a qué imagen haréis que se le asemeje?" pregunta el libro de Isaías (40, 18). Durante siglos la Iglesia Ortodoxa ha cantado una belleza litúrgica y sacramental. En esta creación Dios sigue siendo el primer Creador, Padre y Maestro. 






Es el primer artista: "Oh hombre -escribe san Ireneo de Lyon- no eres tú quien hace a Dios sino Dios que te hace a ti. Si eres entonces obra de Dios, espera la mano de tu artífice, que hace todas las cosas en el tiempo adecuado. Preséntale tu corazón suave y maleable, conserva la forma que te ha dado el Artista, habiendo en ti el Agua que viene de Él para no rechazar. 
Volviéndote duro, la huella de sus dedos. Conservando esta conformación, subirás a la perfección, porque la arcilla que hay en ti será ocultada por el arte de Dios. Su mano que ha creado tu sustancia te revestirá por dentro y por fuera de oro puro y de plata y te adornará tan bien que el Rey mismo se prendará de tu belleza". Al servicio del Artista, los artistas son "tesaurofilacos", guardianes inspirados del tesoro divino. Pintores de frescos, iconógrafos o miniaturistas, todos ellos celebran la Belleza de un mundo en Cristo.



Más allá de los cambios históricos y de las oposiciones geográficas, la imagen multiplica sus rostros epifánicos. "Belleza divina", "canal de gracia", "ventana a la eternidad", el icono deja una luz: imagen de una tierra inferior, de un Reino a tener siempre en el corazón.




(Extracto tomado de PAUL EVDOKIMOV, "El Arte del Icono")

lunes, 21 de noviembre de 2016

BENDICIÓN DE ICONOS


en la Iglesia Católica de rito oriental "San Jorge"
Bendición presidida por Saiedna Ibrahim Salaméh
Obispo del Exarcado de Antioquía en Argentina


En el camino del artista, en el camino de cualquiera que quiera salir del sonambulismo de lo cotidiano, hay una búsqueda, una profundización, una interrogación. O bien, de un modo más simple, con una palabra que resume todo, hay un despertar.

El arte nos despierta. Nos arroja en lo profundo de la existencia. Nos hace hombres y mujeres y no máquinas. Hace a nuestros gozos solares, y a nuestras heridas sangrantes. Nos abre a la angustia y a la maravilla.




El sentido del arte propiamente litúrgico es el de ser el soporte de la contemplación, hacer posible el conocimiento de Dios mediante una cierta belleza, esa que, como dice Dionisio el Aeropagita, “suscita cada comunión”. Yo invertiría el orden diciendo: la belleza que cada comunión suscita, comunión que tiene como fundamento y forma suprema la revelación.

El arte no trata tanto sobre  lo “sagrado” cuanto sobre lo “santo”.

Lo “sagrado” es una categoría estática que divide: se da así lo sagrado y lo profano. Lo “santo”, en cambio, es un dinamismo de santificación; lo “profano”, en realidad, es profanado: hay que liberarlo de la mentira, de la posesividad, de la objetivación para que se ilumine al gran sol de la resurrección, para que sea santificado. Lo “sacro” es un estado, un espacio delimitado. Lo “Santo” es el esplendor de una persona: en Cristo, el Dios “tres veces santo” se ha hecho rostro y, por tanto, mediante Cristo, puedo ver en Dios todo rostro.




El artista, que a veces es sencillamente un artesano, asume entonces una diaconía eclesial. No puede ser sino un hombre de fe que hace suyo el credo mediante la oración, la ascesis, la apertura al gran río de la vida de la verdadera Tradición, que podríamos definir como fidelidad a la Palabra incesantemente actualizada por el Espíritu. El artista, o el artesano, se esfuerza por descolgarse de su subjetividad cerrada, por ver su modelo en una contemplación trans-subjetiva, trata de transformar, gracias a la cruz, las “pasiones” ambiguas y pasivas en compasión creadora.

Pero entonces, diría el hombre de hoy, el pintor de iconos o el compositor que hace música al servicio de la Palabra no son del todo libres. Pero, ¿qué entendemos por libertad?
Lógicamente hay que responder: ser libre es hacer lo que uno quiere.
Pero, ¿quién quiere?. Este quién, ¿no es el hombre que está dividido dentro de sí mismo, contradictorio, que “no hace el bien que ama sino el mal que odia”, el hombre abandonado a las pulsiones de su inconsciente, a las modas, a las grandes fuerzas de la sociedad y del cosmos?. La belleza creada por este hombre, si tuviera que aventurarse en el campo litúrgico, ¿no corre el riesgo de ser una belleza de posesión?
¿No es acaso más libre, verdaderamente más libre, el hombre liberado, pacificado, al que la fe ha salvado de la angustia, al que la oración ha sacado del narcisismo, el hombre simultáneamente abierto y unificado en la luz de la gracia, el hombre que, habiendo renunciado a ser un demiurgo, se acepta como creador a imagen de su Creador?

Por este motivo el arte litúrgico no puede existir sin reglas, sin “cánones” que constituyan su forma de ascesis. Los cánones determinan la posición de las escenas, la individualidad de los rostros, en el respeto hacia el fiel más humilde que debe poder reconocer a sus amigos los santos. La perspectiva invertida, presentar la figura de frente, el papel esencial del rostro, la parte del cuerpo más transparente de la persona, tantas indicaciones de los cánones que precisamente permiten que la belleza suscite comunión y sea suscitada por la comunión.




Pero esta ascesis, tanto en la vida como en el acto creador, al tiempo que da un valor humilde al trabajo repetitivo del artesano, permite que el gran genio sea libre, con una libertad que ya no lo separa del amor. Bastaría con pensar en cualquier obra maestra de esta tradición: el Cristo de Sopocani, sobre el que Yves Bonnefoy ha escrito páginas decisivas; el Descenso a los infiernos de Chora, en Constantinopla, o la fluidez de André Rublëv.

De este modo, occidente se ha movido hacia un arte no de transfiguración, sino de éxodo, un arte que explora el eros y el cosmos, abandonados por un cristianismo piadoso y moralizante. Oriente ha salvado el secreto del rostro, occidente ha escrutado el esplendor del cuerpo y ha encontrado lo sagrado cósmico, sobre todo cuando se le han abierto las artes “primitivas” y el otro hemisferio espiritual de la humanidad, que va dese la India hasta Japón, cruzando el Tibet y China. Más allá del arte abstracto, pero gracias a él, ha surgido la poética de lo sensible. Mañana, tal vez, surgirá la de los rostros: porque al final del proceso que descompone lo humano, en lo profundo del infierno, aparece la luz, desde el momento en que Cristo no deja de descender a los infiernos y en el que el nihilismo occidental es quizá hoy el único lugar posible de su resurrección…

El arte litúrgico de oriente podría ayudar discretamente a esta evolución. Algunos, entre los ortodoxos puros y duros, quisieran hacer del arte de los iconos un arte “sacro” que, como contraste, descalificaría al resto del arte. Por el contrario, se puede ver el icono como una inmensa bendición y el germen de un divino-humanismo: lo que fue esbozado en los siglos XIII y XIV con el “renacimiento de los Paleólogos” y con Teófanes el Griego, eso que hoy busca SorinDumitrescu en Bucarest, Elías Zayat en Damasco, etc.

En el mundo occidental, que se extiende hoy por todo el planeta, aparte de las sobrias exigencias del arte propiamente litúrgico, la creación tiene que ser completamente libre, con una libertad violenta, trágica, tal vez parecida a la blasfemia. La “blasfemia”, sin embargo, implica todavía una relación con Dios, al contrario que la indiferencia, que es el sueño del alma. La “blasfemia” ha de ser percibida por los cristianos como una pregunta que se les plantea duramente. La última tentación de Cristo, poderosa novela de Kazantzakis, película mediocre y sanguinaria de Scorsese, plantea una pregunta auténtica, decisiva para la nueva evangelización de Europa, es decir: la relación de Cristo con el eros.




La verdadera respuesta cristiana a la “blasfemia” y a la indiferencia (aparente) de nuestra época, me parece que debería ser, en el primer lugar, el desarrollo de un arte litúrgico radiante, como una alta montaña en la que se condensa el cielo en la nieve luminosa que hará nacer los arroyos, los ríos, los prados y las viñas. Se necesitaría después el desarrollo del arte del nártex, un arte de “caminantes”, de “stalkers” (en el sentido que ha dado Tarkovskij a la palabra) envueltos por la dulce luz de la belleza por un lado, y el horror del mundo por otro. Pienso por ejemplo en Dostoevskij, en Péguy, en Bernanos, en T. S. Eliot, Pasternak, …. Como si hubiera llegado el momento en que la libertad debe elegir: o disgregarse o intuir, en el mismo fondo del infierno, a la luz de algunas miradas –la de la Virgen de Vladimir o la de Mouchette- que la libertad necesita ser liberada.

Oliver Clément

CLEMÉNT, OLIVER; Surcos de Luz. La fe y la belleza; Ed. Monte Carmelo; España; 2005.

lunes, 20 de junio de 2016

EL ICONÓGRAFO

es un consagrado, y su espiritualidad girará en torno al misterio de la transfiguración. La transfiguración del Señor, cual manifestación fulgurante de la luz divina, juega un papel capital en la vida mística de Oriente. Un manuscrito del Monte Athos señala: "Que vaya (el artista) al sacerdote para que éste rece sobre él y recite el Himno de la Transfiguración... de modo que por la contemplación de dicho misterio Cristo "hiciese brillar la luz en su corazón".


Sólo la experiencia espiritual, adquirida en la compañía de lo sagrado, puede inspirar las formas, los colores, y las líneas que corresponden realmente a lo que se expresa en el icono. Decía Fray Angélico: "Para pintar las cosas de Cristo es menester vivir con Cristo".


Se conoce la relación que existe entre el arte de hacer iconos y la doctrina espiritual del hesicasmo, centrada en la "visión tabórica" de que gozaron los tres amigos de Jesús en el momento de la Transfiguración. Al decir de Ouspensky, esto habla del nivel de santidad a que es llamado el iconógrafo y cuán lúcida debe ser la conciencia de la responsabilidad que le incumbe cuando hace un icono. 



Su obra tiene cierto carácter pontifical ya que debe unir el arquetipo que representa en la tabla con los que lo van a contemplar, de modo que su mensaje se convierta en una fuerza viva y operante. No olvidemos que el icono tiene como finalidad principal hacer presente lo representado y ponerle en comunicación con quien lo contempla.



Ello no significa que para hacer rectamente un icono, su autor deba ser por necesidad un santo canonizable ni un místico llegado a la unión transfigurante. Lo que se deja en claro es que la contemplación y la santidad son el término al que este tipo de arte conduce al artísta, exigencias formales de su quehacer.

Observa Florenskij que una colaboración entre el santo y el artísta existe desde el momento en que el santo inspira y dirige las manos de quien procura representarlo.



Este contacto con la santidad a través de los santos representados en los iconos escapará a los iconógrafos que sólo fijan su atención en la superficie sensible, así como a los que reducen el arte a la mera técnica artesanal. Se les podría aplicar la queja de San Gregorio de Nazianzo: ¡Ay de los que transforman la teología en un technydrion!

Este carácter exigitivo de santidad fue lo que motivó a la Iglesia Ortodoxa a preocuparse por la conducta de los artistas. Siempre tuvo en consideración al iconógrafo, como la persona a quien Dios ha concedido la gracia de poder contemplar las cosas espirituales y la habilidad de representarlas, comparando su dignidad con la del sacerdote. Así se lee en un "Podlinnik" ruso (manual de instrucción para los pintores): "El sacerdote nos hace presente el Cuerpo del Señor en los Oficios Litúrgicos por la fuerza de las palabras... el iconógrafo lo hace por la imagen".

Texto tomado de ALFREDO SÁENZ, sj. "El Icono, esplendor de lo sagrado" (pag 321 ss)

sábado, 2 de abril de 2016

LA PEDAGOGÍA DE LA BELLEZA

A lo largo de los siglos, la vida consagrada ha estado incesantemente en búsqueda, tras las huellas de la belleza, custodia vigilante y fecunda de su sacralidad, ... en búsqueda de nuevas epifanías de la belleza...


(...) La belleza verdadera y eterna alcanza al hombre interior por la vía de aquellos que pueden llamarse los "sentidos espirituales", de los que San Agustín habla en analogía con los sentidos del cuerpo...

En nuestro camino de cristianos y consagrados tenemos necesidad de reconocer las huellas de la belleza, una vía hacia el trascendente, hacia el misterio último, hacia Dios, precisamente por su característica de abrir y ensanchar los horizontes de la consciencia humana, de lanzarla más allá de sí misma, de aproximarla al abismo del Infinito. Estamos llamados a recorrer la vía pulchritudinis, que es un recorrido artístico, estético y un itinerario de fe y de búsqueda teológica.


Tal vez es por esto que los grandes místicos gustaban componer poesías y cánticos ... de las páginas literarias al icono, de los frescos a los cuadros, a las esculturas...  para expresar algo de lo divino a lo que tenían acceso en los secretos encuentros del alma. (...) Todo por una vía interior, una vía de la superación de sí mismo y, por lo tanto, en esta purificación de la mirada, que es una purificación del corazón, nos revela la Belleza, o al menos un rayo de ella. Justamente así ella nos pone en relación con la fuerza de la Verdad".


Somos invitados, por tanto, a un camino armonioso que sepa conjugar lo verdadero, lo bueno y lo bello, allí donde a veces parece que el deber, como estética malentendida, se impone.



Cultivar una mirada presente, reflexiva, que vaya más allá de lo que se ve y de la bulimia de los contactos inmateriales, es un desafío urgente que puede introducirnos en el misterio para dar testimonio de él. Estamos invitados a recorrer caminos formativos que nos predispongan a leer en las cosas, a recorrer el camino del alma en el que se realiza el paso de la belleza penúltima a la Belleza suprema.



Realizaremos así "la obra de arte escondida que es la historia de amor de cada uno con el Dios vivo y con los hermanos, en el gozo y en la fatiga de seguir a Jesucristo en la cotidianidad de la existencia".



Ver el icono finalizado a su derecha en esta página:
 Cristo, el Señor  o  Pantocrator.

Texto: CONTEMPLEN, de la CIVCSVA, 2015